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El Príncipe Caspian /

by Lewis, C. S. (Clive Staples).
Material type: materialTypeLabelBookSeries: Lewis, C. S. Chronicles of Narnia: Publisher: New York, N.Y. : Rayo, c2005Description: 280 p. : ill. ; 20 cm.ISBN: 0060884282 (pbk.) :.Title notes: $9.95 prolam 5-2006 (db)Uniform titles: Prince Caspian. Spanish.Subject(s): Narnia (Imaginary place) -- Juvenile fiction | Good and evil -- Juvenile fiction | Princes -- Juvenile fiction | Spanish language materials | Bien y mal -- Novela juvenil | Príncipes -- Novela juvenil | Novela fantástica | Fantasy | Fantasy fictionSummary: Four children help Prince Caspian and his army of Talking Beasts to free Narnia from evil.
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Books Books Altadena Main Library
Adult Collection Adult World Languages Fiction Spanish FIC LEW Available 39270002974305

Enhanced descriptions from Syndetics:

Un Principe Lucha Por Su Corona Narnia... donde los animales hablan... donde los arboles caminan... donde una batalla esta a punto de comenzar. Un principe pierde su derecho al trono y decide juntar un ejercito para liberar su tierras de un rey impostor. Pero en ultimas, sera una batalla de honor entre los dos hombres, la que terminara decidiendo el destino del mundo entero.

$9.95 prolam 5-2006 (db)

Translated from: Prince Caspian.

Originally published in English in 1951.

Four children help Prince Caspian and his army of Talking Beasts to free Narnia from evil.

Excerpt provided by Syndetics

<opt> <anon I1="BLANK" I2="BLANK">El Principe Caspian Capítulo Uno La isla Había una vez cuatro niños llamados Peter, Susan, Edmund y Lucy que, según se cuenta en un libro llamado El león, la bruja y el armario, habían corrido una extraordinaria aventura. Tras abrir la puerta de un armario mágico, habían ido a parar a un mundo muy distinto del nuestro, y en aquel mundo distinto se habían convertido en reyes y reinas de un lugar llamado Narnia. Mientras estuvieron allí les pareció que reinaban durante años y años; pero cuando regresaron a través de la puerta y volvieron a encontrarse en su mundo, resultó que no habían estado fuera ni un minuto de nuestro tiempo. En cualquier caso, nadie se dio cuenta de que habían estado ausentes, y ellos jamás se lo contaron a nadie, a excepción de a un adulto muy sabio. Había transcurrido ya un año de todo aquello, y los cuatro estaban en ese momento sentados en un banco de una estación de ferrocarril con baúles y cajas de juegos amontonados a su alrededor. Iban, de hecho, de regreso a la escuela. Habían viajado juntos hasta aquella estación, que era un cruce de vías; y allí, unos cuantos minutos más tarde, debía llegar un tren que se llevaría a las niñas a una escuela y, al cabo de una media hora, llegaría otro en el que los niños partirían en dirección a otra escuela. La primera parte del viaje, que realizaban juntos, siempre les parecía una prolongación de las vacaciones; pero ahora que iban a decirse adiós y a marcharse en direcciones opuestas tan pronto, todos sentían que las vacaciones habían finalizado de verdad y también que regresaban las sensaciones provocadas por el retorno del período escolar. Por eso estaban un tanto deprimidos y a nadie se le ocurría nada que decir. Lucy iba a ir a un internado por primera vez en su vida. Era una estación rural, vacía y soñolienta, y no había nadie en el andén excepto ellos. De improviso Lucy profirió un grito agudo, como alguien a quien ha picado una avispa. -- ¿Qué sucede, Lu?-- preguntó Edmund; y entonces, de repente, se interrumpió y emitió un ruidito que sonó parecido a <<¡Ou!>>. -- ¿Qué diablos...?-- empezó a decir Peter, y a continuación también él cambió lo que había estado a punto de decir, y en su lugar exclamó -- : ¡Susan, suelta! ¿Qué haces? ¿Adónde me estás arrastrando? -- Yo no te he tocado-- protestó ella -- . Alguien está tirando de mí . ¡Oh... oh... oh... basta! Todos advirtieron que los rostros de los demás habían palidecido terriblemente. -- Yo he sentido justo lo mismo-- dijo Edmund con voz jadeante -- . Como si me estuvieran arrastrando. Un tirón de lo más espantoso... ¡Uy! Ya empieza otra vez. -- Yo siento lo mismo-- indicó Lucy -- . Ay, no puedo soportarlo. -- ¡Pronto!-- gritó Edmund -- . Agarraos todos de las manos y manteneos bien juntos. Esto es magia; lo sé por la sensación que produce. ¡Rápido! -- Sí-- corroboró Susan -- . Tomémonos de la mano. Cómo deseo que pare... ¡Ay! En un instante el equipaje, el asiento, el andén y la estación se habían desvanecido totalmente, y los cuatro niños, asidos de la mano y sin aliento, se encontraron de pie en un lugar frondoso, tan lleno de árboles que se les clavaban las ramas y apenas había espacio para moverse. Se frotaron los ojos y aspiraron con fuerza. -- ¡Cielos, Peter!-- exclamó Lucy -- . ¿Crees que es posible que hayamos regresado a Narnia? -- Podría ser cualquier sitio-- respondió él -- . No veo más allá de mis narices con todos estos árboles. Intentemos salir a campo abierto..., si es que existe. Con algunas dificultades, y bastantes escozores producto de las ortigas y pinchazos recibidos de los matorrales de espinos, consiguieron abrirse paso fuera de la espesura. Fue entonces cuando recibieron otra sorpresa. Todo se tornó mucho más brillante, y tras unos cuantos pasos se encontraron en el linde del bosque, contemplando una playa de arena. Unos pocos metros más allá, un mar muy tranquilo lamía la playa con olas tan diminutas que apenas producían ruido. No se avistaba tierra y no había nubes en el cielo. El sol se encontraba donde se suponía que debía estar a las diez de la mañana, y el mar era de un azul deslumbrante. Permanecieron inmóviles olisqueando el mar. -- ¡Diantre!-- dijo Peter -- . Esto es fantástico. A los cinco minutos todos estaban descalzos y remojándose en las frescas y transparentes aguas. -- ¡Esto es mejor que estar en un tren sofocante de vuelta al latín, el francés y el álgebra!-- declaró Edmund. Y durante un buen rato nadie volvió a hablar y se dedicaron sólo a chapotear y buscar camarones y cangrejos. -- De todos modos-- dijo Susan finalmente -- , supongo que tendremos que hacer planes. No tardaremos en querer comer algo. -- Tenemos los sándwiches que nuestra madre nos dio para el viaje-- indicó Edmund -- . Al menos yo tengo los míos. -- Yo no-- repuso Lucy -- , los míos estaban en la bolsa. -- Los míos también-- añadió Susan. -- Los míos están en el bolsillo del abrigo, allí en la playa-- dijo Peter -- . Es decir: dos almuerzos para repartir entre cuatro. No va a resultar muy divertido. -- En estos momentos tengo más sed que hambre-- declaró Lucy. Todos se sentían sedientos, como acostumbra a suceder después de remojarse en agua salada bajo un sol ardiente. -- Es como si fuéramos náufragos-- comentó Edmund -- . En los libros siempre encuentran manantiales de agua dulce y transparente en las islas. Así que será mejor que vayamos en su busca. -- ¿Significa eso que debemos regresar al interior de ese bosque tan espeso?-- inquirió Susan. -- En absoluto-- contestó Peter -- . Si hay arroyos, seguro que descienden hasta el mar, y si recorremos la playa ya veréis como los encontraremos. Vadearon de vuelta entonces y atravesaron primero la arena suave y húmeda y luego ascendieron por la arena seca y desmenuzada que se pega a los dedos, y empezaron a ponerse los calcetines y los zapatos. Edmund y Lucy querían dejarlos allí y explorar con los pies descalzos, pero Susan dijo que era una locura. El Principe Caspian . Copyright © by C. Lewis. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold. Excerpted from El Principe Caspian All rights reserved by the original copyright owners. Excerpts are provided for display purposes only and may not be reproduced, reprinted or distributed without the written permission of the publisher.</anon> </opt>

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